viernes, 21 de mayo de 2010

En cualquier parte



El encuentro:

Cada segundo, nuestro cerebro tiene que tratar millones de datos que llegan a través de los sentidos.

Y para no volvernos locos, intentamos asimilar tanta información comprimiéndola en nuestro cerebro.

Por ejemplo.

Cada día, se cruzan en nuestro camino, a nuestro lado, miles de personas, en coche, andando, etc, pero pasan como si tal cosa, no existen para nosotros a no ser que tengan un algo especial que atrae a una parte de nosotros a fijarse en él.

De repente, nuestras pupilas crecen de tamaño. Nos acabamos de fijar en alguien en concreto …. nos parece atractivo o interesante.

Y tras permanecer unos segundos su imagen en nuestra memoria, inmediatamente o a corto lazo, examinamos su cuerpo.

Su olor.

Su colorido.

Si funciona y nos gusta el retrato, ahora es cuando se inicia el cortejo.

Mi organismo entra en evolución.

A través del sistema nervioso.

Por lo que, sus efectos me hacen notar al instante calor, el corazón se acelera y late más deprisa, la presión sanguínea sube, mi cuerpo libera grasas y azúcares para aumentar mi capa muscular y generar más glóbulos rojos con el fin de que el oxígeno sea trasportado por la corriente sanguínea.

Mientras mi sistema nervioso se prepara, para transmitir cualquier nueva información.

Mi cerebro constantemente ocupado en mi control, y pendiente de todo lo que sucede en mi cuerpo.

Se da por entendido que todo lo que me está sucediendo simplemente es una excitación emocional.

En el amor no hay regla fijas, no las habrá ni nunca las hubo.

Cada uno tenemos nuestras propias costumbres esenciales.

Por eso mi cuerpo se excita al sentir en el metro la cercanía de un cuerpo adornado por una bonita cara.

Intento acercarme a ese cuerpo, jugueteando y coqueteando con el mío, usando mis armas, y estrategias de mujer.

Acercándome para entablar una conversación y dar rienda a mí cerebro para procesar el comportamiento del hombre en cuestión.

Una vez aceptado, me decido por atacar.

Mostrando la parte más sensual de mí, mi cuerpo acercándose con cualquier excusa ……

Dejando que mis pechos se claven en el vaivén del camino.

Poco después, mi mirada más seductora te mira pidiendo perdón.

Acaba de iniciarse una conversación.

Si estás receptivo, y los hombres siempre lo estáis.

Responderás, y si podemos, tomaremos un café juntos que acabará en una odisea de sexo y cambios de saliva y flujos.

No tardo en pedirte esa invitación.

Aceptas, era obvio, mirando el bulto de tu entrepierna …..

Nos presentamos y charlamos.

Tú por tu parte, después de ver el estado de tu cuerpo, llamas al trabajo fingiendo dolor de cabeza, estado gripal.

Yo por la mía, no debo dar explicaciones.

Nos acercamos al lugar más cercano y solitario, donde allí las caricias se confunden con el estado de placer que mostramos.

El deseo se deja asomar, ya no es necesario que ocultes con tu brazo el estado de tu pene …………….

Mis pechos descubren en tus labios una nueva forma de excitarse, mamas de ellos, me haces sentir la parte más femenina de mi cuerpo, te siento como a un bebé succionándome …………. y mi placer estalla, con el deseo de esa succión.

Mis manos rozan tu espalda, dejando que mis uñas escarben un poco en ella, sin ser del todo aruñada.

Tus jadeos al sentir mi boca por la espalda se acelera.

El placer emana el aroma del sexo, la estancia se caldea y te despojo de toda tu ropa.

Mi boca sedienta de sexo se dirige sin tregua hasta tu sexo.

El glande asoma, erecto, rebotando en tu vientre al desprender la goma de slip.

Mis ojos se agrandan …………

Tengo la necesidad de succionarte, de lamerte, hasta sentir que estas en el estado máximo de excitación, para después ofrecerte mi cuerpo.

Llamándote, diciéndote que soy toda tuya.

Mis manos acarician tus piernas mientras mi boca ya está saciándose de tu miembro.

El olor peculiar a la excitación me gusta, el aroma que desprendes me enciende.

Y me adentro aún más por tu sexo ………. mientras de mi garganta estallan y escapan gemidos de placer.

La humedad hace escuchar el sonido del chapoteo al penetrar por mi garganta.

Mientras tu mirada se pierde más allá de lo evidente.

Tus testículos me saben a miel.

Y mi lengua disfruta de su sabor, paseándose por ellos.

Tus caderas se arquean dando forma a mis chupetones.

Mis manos acarician mi clítoris y ayudan a que las tuyas lo hagan.

Por tu glande asoman las gotas de líquido ……

Me las trago ….. y deseo más ……..

Poco después estrujo tu miembro entre mis pechos duros.

Por que una vez iniciado el estado del sexo, el placer y la excitación:

El pecho se hincha, las piernas flaquean, el corazón parece que nos tenga que estallar …. Ha llegado el gran momento.

Un beso y nuestras emociones, todas ellas, juntas unidas, las mismas que conteníamos en la fase de la seducción, estallan …..

Tu pene se coloca en el interior de mi sexo ……..

Se agita sin freno, mientras mi cuerpo se dobla, mis manos acarician los rincones donde pueden llegar, tus testículos chocan contra mis muslos acelerando el estado de placer ……..

Y estalla el sexo, el calor, el aroma, los cuerpos se contraen en un solo cuerpo.

El ritmo del corazón se acelera doblando su ritmo normal.

Mientras ladeamos y disfrutamos del momento.

Los sexos laten al sentir la sangre bombear por el placer, en cada uno de ellos …

Y de repente, el calor enciende la hoguera del orgasmo.

Un frenesí continuado de saltos y entradas y salidas ………….

Las entrañas se abren para dar paso el placer que me haces sentir en tu penetración …

Tu miembro estalla, y el mío, al notar la humedad ardiente, se próxima a mi orgasmo.

1, 2, y 3 ……… siento como mi estómago se esconde para que el roce con tu cuerpo sea más latente, y mi sexo se abre aún más al tuyo.

Me quemo y siento el placer agrio y dulce del sexo ….

Intento respirar y no puedo, mi boca se abre para gritar y gemir.

Una vez más me sacio.

Sacio la sed de un cuerpo.

Sacio la sed del sexo.

Quizás mañana seas tú el que se cruce en mi camino, y después de que mi mente te examine, mi cuerpo te posea.

Me considero un vampiro de sexo. Y me gusta.

Deseo. Año 2003.

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