
Para Laura se presentaba el mejor momento del día: Fin de una jornada dura de trabajo, una cena temprana y ligera, víspera de fin de semana ...... y lo mejor de lo mejor: abrió el grifo del agua caliente de la bañera y lo llenó de sales aromáticas que formarían millones de burbujas que la rodearían y despertarían sus más bajos instintos, los mismos que la acunaban en una relajación sin límite y un momento solitario pero gratificante.
Teléfono desconectado, timbre de la puerta anulado, fogones apagados, tele fuera, radio lejos, móvil fuera de cobertura ..... preparada, lista, ya, su momento había llegado.
Observó su cuerpo desnudo en aquella pared del baño decorada específicamente con espejos para observar bien y con todo lujo de detalles su hermosura desnuda o vestida. No estaba nada mal, sin duda: piel suave y nacarada, unos brazos largos a juego con sus piernas largas y contoneadas, dedos finos -de pianista, que decía su madre-, melena rubia, rizada y vaporosa, ojos claros y brillantes de exaltación -¿por qué regla de tres no la podía exaltar su propio cuerpo ...?-, unos labios jugosos y frescos, cuello de cisne, pechos de fábula que empezó a acariciar hasta que los pezones se le pusieron tan duros que atrapándolos entre sus manos, intentaba llevárselos hasta la boca para morderlos y besarlos. Para estar más cómoda, se tumbó delante del espejo abriendo sus piernas y dejando entrever su coñito con aquellos tiernos pliegues y el agujerillo de pasión. Al verlo se excitó muchísimo, ¡qué jugoso¡, lástima que no pudiera saborearlo .... Sus dedos bajaron incontrolablemente bien mojaditos en su boca, hasta el fruto de su delirio y empezó a frotarse el clítoris, suavemente primero y más enérgicamente después. Se lo acariciaba una y otra vez mientras con la otra mano masajeaba sus pechos hasta que recordó lo que guardaba en un cajoncito del baño y paró para dirigirse a por ello. Mientras se levantaba volvió a contemplarse en el espejo. Su pepita sobresalía del coñito como señal de excitación, estaba preparada para recibir aquella sorpresa que le esperaba en el cajón de siempre .....
Se trataba de su fiel consolador de goma a dos bandas, sí, vamos, un modelo que tenía dos penes, uno para cada agujerito de la moza ...... Se introdujo besándolo y rechupeteandolo en su baño de espuma. Se tumbó cómodamente y volvió a contemplarse en el espejo que se encontraba estratégicamente en el techo del baño, solo en la parte de la bañera, diseñado por ella y según sus gustos .....
Lo único que podía ver era su rostro de deseo por ser penetrada y la espuma que acariciaba todo su cuerpo, ondulante y chisporroteante. Sumergió el aparatejo hasta el lugar indicado para su uso, ¡qué bien entró con el agua¡, ah¡, qué rico estaba aquello dentro de su coñito!, un placer inmenso la embargó. Se quedaría así un buen rato, sintiendo aquella dureza dentro de ella. Contoneaba sus caderas en movimientos circulares para aumentar su placer mientras con el segundo bastoncillo de goma se urgaba en el culo que se abría y se cerraba víctima ya de los efluvios del mismo deseo que el otro agujerillo .... Describía círculos alrededor del ojete hasta que estuvo preparado para entrar también. Ah¡, ahí dolía un poco, pero .... después las sacudidas de una sensación placentera estaban garantizadas ...... Y ya sólo quedaba poder contemplar aquella hermosura de penetración, por lo que, muy despacio se deslizó hasta la alfombra del baño sin que se salieran sus dos cipotes de goma y observó aquella imagen en el espejo de la pared postrada como una perra a cuatro patas delante de su fiel reflejo. El aparatejo poseía un asita para dar envestidas al gusto, de modo que Laura se dedicó a meter y sacar aquello de sus órganos de lujuria, cada vez más aprisa mientras no se perdía detalle del reflejo de aquel solitario complaciente y cachondo. Cambió de postura tumbándose boca arriba porque todavía quedaba sitio para que los dedos de su otra manita estimularan su clítoris que saltaba de emoción¡, ahg¡, qué buenos inventos y qué bien calculados ..... cada cosita en su sitio, ufffff, qué calor, qué sacudidas, qué rica estoy, qué bien me lo paso ..... claro que, daría yo lo que daría por un buen rabo o dos ..... son más calentitos .... pero esta noche atraparé a algún incauto que se atreva a follarme como yo me merezco, mientras tanto, ah¡, en la cajita de sorpresas tengo el vibrador¡, no es recomendable utilizarlo en el agua, sobre todo porque va a pilas, pero fuera del agua y con mi chochete ya ardiendo otra vez ...... mmmm, voy a por él .....
Extrajo de sus orificios aquellos dos cipotes de goma y conectando el vibrador, empezó a penetrarse por un lado y por otro con una mano y estimulando su clítoris con otro artilugio muy parecido a un cepillito de las uñas, pero, claro, era de goma, que no irritaba su piel .....
Todavía recordaba cuando fue a adquirirlos a aquel sex-shop y lo buenísimo que estaba el dependiente que la atendió. La miraba con auténtico deseo, por lo que ella se concentró en aquellas miradas calientes y en como se despojó de su abrigo, el cual, amablemente el muchacho se lo colgó en una percha de la oficina para que Laura pudiera deleitarse en la cantidad de artículos existentes en el mercado y de paso ir desabrochando botones de su blusa al compás de la fiebre despertada por aquellas carátulas que invitaban al deseo, aquellas imágenes de los monitores del local que de nuevo invitaban al deseo y de cómo el dependiente bajó los estores y echó la llave de la puerta un momento para calmar su sed. La folló allí mismo, contra una estantería, de pié. Rodeó fuertemente su cintura para que ella pudiera elevar sus piernas abrazando el culo del muchacho con ellas. Entonces su polla encajó perfectamente en su húmedo coñito caliente como un volcán .....
- ¿No llevas braguitas, vida ...?
- Son un modelo especial formado por una tirita de encaje que rodea mi cintura y dos tiritas de seda que se abren con verdadero gusto cuando yo abro mis piernas y cuando las cierro aprisionan mi rajita liberándola de bichitos y otros seres a los que yo no permita el paso .....
- ¡Qué interesante, muñeca ....¡, ¿ Te gusta la suavidad de mi rabo ...?, es un lubrificante especial, te lo recomiendo .....
- Ahgggg¡, sí, me encanta, es tan suave que podíamos probarlo en mi culo, ¿qué te parece?
- Encantado, nena, baja de ahí y apóyate en esta mesa, que lo vamos a probar ahora mismo ....
Entró con suavidad y el muchacho metía y sacaba su cipote del culo de Laura con ejemplar maestría porque sin que ella se diera cuenta, debía tenerla en el bolsillo, se colocó una bolita que además penetraba su himen con cada sacudida ...... Oh¡¡¡¡, qué recuerdos ..... qué tipo más experimentado en lo que le gusta a una mujer como ella ..... Puede que aquella misma noche, después de su baño, se decidiera a pasar otra vez por allí .....
María Silvia Cano. Año 2003.
Teléfono desconectado, timbre de la puerta anulado, fogones apagados, tele fuera, radio lejos, móvil fuera de cobertura ..... preparada, lista, ya, su momento había llegado.
Observó su cuerpo desnudo en aquella pared del baño decorada específicamente con espejos para observar bien y con todo lujo de detalles su hermosura desnuda o vestida. No estaba nada mal, sin duda: piel suave y nacarada, unos brazos largos a juego con sus piernas largas y contoneadas, dedos finos -de pianista, que decía su madre-, melena rubia, rizada y vaporosa, ojos claros y brillantes de exaltación -¿por qué regla de tres no la podía exaltar su propio cuerpo ...?-, unos labios jugosos y frescos, cuello de cisne, pechos de fábula que empezó a acariciar hasta que los pezones se le pusieron tan duros que atrapándolos entre sus manos, intentaba llevárselos hasta la boca para morderlos y besarlos. Para estar más cómoda, se tumbó delante del espejo abriendo sus piernas y dejando entrever su coñito con aquellos tiernos pliegues y el agujerillo de pasión. Al verlo se excitó muchísimo, ¡qué jugoso¡, lástima que no pudiera saborearlo .... Sus dedos bajaron incontrolablemente bien mojaditos en su boca, hasta el fruto de su delirio y empezó a frotarse el clítoris, suavemente primero y más enérgicamente después. Se lo acariciaba una y otra vez mientras con la otra mano masajeaba sus pechos hasta que recordó lo que guardaba en un cajoncito del baño y paró para dirigirse a por ello. Mientras se levantaba volvió a contemplarse en el espejo. Su pepita sobresalía del coñito como señal de excitación, estaba preparada para recibir aquella sorpresa que le esperaba en el cajón de siempre .....
Se trataba de su fiel consolador de goma a dos bandas, sí, vamos, un modelo que tenía dos penes, uno para cada agujerito de la moza ...... Se introdujo besándolo y rechupeteandolo en su baño de espuma. Se tumbó cómodamente y volvió a contemplarse en el espejo que se encontraba estratégicamente en el techo del baño, solo en la parte de la bañera, diseñado por ella y según sus gustos .....
Lo único que podía ver era su rostro de deseo por ser penetrada y la espuma que acariciaba todo su cuerpo, ondulante y chisporroteante. Sumergió el aparatejo hasta el lugar indicado para su uso, ¡qué bien entró con el agua¡, ah¡, qué rico estaba aquello dentro de su coñito!, un placer inmenso la embargó. Se quedaría así un buen rato, sintiendo aquella dureza dentro de ella. Contoneaba sus caderas en movimientos circulares para aumentar su placer mientras con el segundo bastoncillo de goma se urgaba en el culo que se abría y se cerraba víctima ya de los efluvios del mismo deseo que el otro agujerillo .... Describía círculos alrededor del ojete hasta que estuvo preparado para entrar también. Ah¡, ahí dolía un poco, pero .... después las sacudidas de una sensación placentera estaban garantizadas ...... Y ya sólo quedaba poder contemplar aquella hermosura de penetración, por lo que, muy despacio se deslizó hasta la alfombra del baño sin que se salieran sus dos cipotes de goma y observó aquella imagen en el espejo de la pared postrada como una perra a cuatro patas delante de su fiel reflejo. El aparatejo poseía un asita para dar envestidas al gusto, de modo que Laura se dedicó a meter y sacar aquello de sus órganos de lujuria, cada vez más aprisa mientras no se perdía detalle del reflejo de aquel solitario complaciente y cachondo. Cambió de postura tumbándose boca arriba porque todavía quedaba sitio para que los dedos de su otra manita estimularan su clítoris que saltaba de emoción¡, ahg¡, qué buenos inventos y qué bien calculados ..... cada cosita en su sitio, ufffff, qué calor, qué sacudidas, qué rica estoy, qué bien me lo paso ..... claro que, daría yo lo que daría por un buen rabo o dos ..... son más calentitos .... pero esta noche atraparé a algún incauto que se atreva a follarme como yo me merezco, mientras tanto, ah¡, en la cajita de sorpresas tengo el vibrador¡, no es recomendable utilizarlo en el agua, sobre todo porque va a pilas, pero fuera del agua y con mi chochete ya ardiendo otra vez ...... mmmm, voy a por él .....
Extrajo de sus orificios aquellos dos cipotes de goma y conectando el vibrador, empezó a penetrarse por un lado y por otro con una mano y estimulando su clítoris con otro artilugio muy parecido a un cepillito de las uñas, pero, claro, era de goma, que no irritaba su piel .....
Todavía recordaba cuando fue a adquirirlos a aquel sex-shop y lo buenísimo que estaba el dependiente que la atendió. La miraba con auténtico deseo, por lo que ella se concentró en aquellas miradas calientes y en como se despojó de su abrigo, el cual, amablemente el muchacho se lo colgó en una percha de la oficina para que Laura pudiera deleitarse en la cantidad de artículos existentes en el mercado y de paso ir desabrochando botones de su blusa al compás de la fiebre despertada por aquellas carátulas que invitaban al deseo, aquellas imágenes de los monitores del local que de nuevo invitaban al deseo y de cómo el dependiente bajó los estores y echó la llave de la puerta un momento para calmar su sed. La folló allí mismo, contra una estantería, de pié. Rodeó fuertemente su cintura para que ella pudiera elevar sus piernas abrazando el culo del muchacho con ellas. Entonces su polla encajó perfectamente en su húmedo coñito caliente como un volcán .....
- ¿No llevas braguitas, vida ...?
- Son un modelo especial formado por una tirita de encaje que rodea mi cintura y dos tiritas de seda que se abren con verdadero gusto cuando yo abro mis piernas y cuando las cierro aprisionan mi rajita liberándola de bichitos y otros seres a los que yo no permita el paso .....
- ¡Qué interesante, muñeca ....¡, ¿ Te gusta la suavidad de mi rabo ...?, es un lubrificante especial, te lo recomiendo .....
- Ahgggg¡, sí, me encanta, es tan suave que podíamos probarlo en mi culo, ¿qué te parece?
- Encantado, nena, baja de ahí y apóyate en esta mesa, que lo vamos a probar ahora mismo ....
Entró con suavidad y el muchacho metía y sacaba su cipote del culo de Laura con ejemplar maestría porque sin que ella se diera cuenta, debía tenerla en el bolsillo, se colocó una bolita que además penetraba su himen con cada sacudida ...... Oh¡¡¡¡, qué recuerdos ..... qué tipo más experimentado en lo que le gusta a una mujer como ella ..... Puede que aquella misma noche, después de su baño, se decidiera a pasar otra vez por allí .....
María Silvia Cano. Año 2003.
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