miércoles, 19 de mayo de 2010

Armas de mujer



Un día cualquiera, un camino por andar, una meta ……… la de verte, conseguirte.

Me visto, con un solo pensamiento, el de gustarte, que por fin me veas.

No escatimo en pasarme tiempo, para parecerte guapa.

Siento como mis pezones se endurecen con tu imagen en mi mente.

Mis andares más sensuales te los dedico a tí, mis caderas se contornen con la esperanza de que las veas.

Mis pies se cruzan uno delante del otro con la intención de que el movimiento sea más sensual.

Mi perfume es el que te gusta.

Mi ropa interior la más sexy.

Mis labios perfectamente maquillados, con un contorno ligeramente más oscuro que el color de ellos, para darles forma, para hacerlos apetecibles.

Mis ojos perfilados en negro ……….. Remarcando la grandeza de ellos, y haciendo más profunda mi mirada.

Mis pómulos sonrosados, de forma muy natural, y mi piel tostada para que te deleites en ella.

Te veo asomar, como cada día, delante de mí, caminando sereno, tranquilo.

Mi falda acentúa mis movimientos, lo tengo todo bien estudiado.

Te acercas.

Y cuando estás a mi lado, finjo tropezar de forma que espero, que tus brazos me agarren y lo haces.

Ya está, acabo de conseguir que me mires.

Me quejo de dolor en el pie, por lo que me acompañas a sentarme.

Me quitas el zapato, para ver el estado de mi tobillo.

Al hacerlo, sin dar intenciones de querer hacerlo, te muestro el triángulo que escondes mis muslos, mi falda bien estudiada lo permite.

Puedo ver como tu mirada se clava en la porción de bragas que se deja ver.

Por lo que continúo con mi plan.

Tu mirada se clava en la mía.

Serena y dibujando una ligera cara de dolor, te pido que me acompañes a casa.

No puedes negarte.

Uno de mis brazos te agarra por el cuello.

Mientras uno de los tuyos me aguanta por la cintura.

Una vez en casa, te ofreces a masajearme el pie con alcohol.

- No te preocupes, ya has hecho mucho acompañándome.

- No, tranquila, no puedo dejarte así, mira te hago unas friegas y si es necesario te acerco a urgencias.

- No sé como darte las gracias.

- Quizás pueda hacer algún día algo por tí.

- No te preocupes ahora por eso, dime donde tienes el botiquín.

- En el aseo. A mano derecha.

Veo como te alejas, y me siento feliz, acabo de conseguir lo que pretendía.

Regresas.

Mientras yo me incorporo en el asiento, me miras y dices ………

- Esto estará un poco frío, pero no pasa nada.

- No te preocupes, no se cómo agradecerte que estés aquí.

Yo, mientras estabas en busca del botiquín me he desabrochado dos botones de mi blusa, para que sugerentemente mis pechos asomen sin mostrar más …… que deseo en tí.

Mis pezones están erectos.

Me los he masajeado para que los vieras y uno tímidamente asoma por la obertura.

Puedo ver cómo los miras.

Mientras me masajeas el pie, dejo un poco entre abiertas mis piernas, para que puedas ver mi sexo tapado.

Tus ojos no miran mi pie, sólo mis bragas.

Finjo marearme, y tener mucho calor.

Por lo que me desabrocho toda la camisa, dejando a la vista un sujetador negro.

Me traes un paño mojado, me lo pasas por el cuerpo y la frente.

Tus manos bordean mi pecho.

Y te miro a los ojos.

Agarro una de tus manos y la coloco en uno de mis pezones.

Como si no quisiera hacerlo te pido perdón.

Tu excitación te delata.

Y al verla, te miro aún más, mientras abro mis piernas para mostrarte lo que deseas ver.

Un tanga de color negro, perfectamente conjunto con el sostén.

Sé que me deseas, pues tus manos temblorosas lo demuestran.

Y te acerco a mí para besarte.

- Lo siento, perdóname, no era mi intención.

- No te preocupes, me gusta.

Entonces eres tú el que se acerca a mí, para acariciar mi nuca, mi cuello, tus labios lo recorren, tu lengua me lo humedece.

Mis manos en tu espalda, frotándola, no quiero darte señales de que todo está planeado.

Una de tus manos se atreve por fin a tocar un pecho.

Lo pellizca, y se excita tu pene, estas encima de mí, puedo notar como endurece.

Hago que mi cuerpo se arquee para que te excites más imaginando que estoy a mil.

Sin que te des cuenta, te estoy obligando a que bajes tu mano hasta mi sexo.

Lo haces, poco a poco, crees ser tú el de la iniciativa.

Me gusta este juego.

Te estoy haciendo creer que eres tú el que marca el territorio.

Mi cuerpo te desea pero he de hacer que no se note.

Por lo que una de mis manos desciendo por tu espalda hasta hacerse hueco entre tus pantalones, y tu culo, lo masajeo, y la hago pasar hacia delante, desabrochándote la cremallera, para poder acariciar el nacimiento de tu sexo.

Está mojado, tu líquido está en tu sexo y en los calzoncillos.

Dejo que tu cabeza descienda por mi cuerpo, hasta mis muslos.

Mientras mis manos masturban tu pene.

Noto tus dedos en mi sexo, la yema de éstos me quema.

Me gusta, y no paro de gemir, para excitarte aún más.

Lo logro, pues tus ojos pierden la mirada.

Tu boca, se introduce entre mis muslos, agitados, calientes.

Mi cuerpo se abre para tí, para que puedas hacerlo sin estorbos.

Mientras te susurro que me gusta.

Eso te excita más.

Te aparto de mi sexo para bajar yo por tu piel, y me introduzco tu pene por mi boca, lo hago con paciencia, sin prisas, deseo que me lo pidas, que te excites hasta el punto de no poder dar marcha atras.

Mi lengua te recorre.

Mis manos en tus testículos.

Mis piernas abiertas.

Y me pides que me deje penetrar.

Sin darte cuenta mi boca te acaba de colocar un preservativo.

Y me acaricio mi sexo ante tí, estás rojo, tu pene marca unas venas apunto de estallar.

Te coloco encima de mí, y me abro para tí.

Entras quemándome.

Sin dejar de mirarme, excitado, tus ojos marrones, se pierden.

Me penetras y siento que estallas en mi cuerpo, entras y sales de él.

Sales y entras, uno de mis dedos te acaricia el ano, lo estimula, y puedo sentir como te contorsionas.

Me gusta.

Noto como estallas, y mis movimientos se aceleran, una vez más, teniéndote alojado dentro de mí.

Me humedezco y un sin fin de sensaciones estallan en mi mente, me arde ………………

Mi cuerpo chorrea.

Jadeamos, el ambiente es de sexo.

Cuando el desenfreno empieza a cesar y nos relajamos.

Te digo.

- Lo siento, yo no quería que esto pasará, no tenia ni idea.

- No te preocupes, tampoco era mi intención, pero eres preciosa, y tu cuerpo me ha puesto a mil.

- ¿Pero me preocupa la opinión que tendrás de mi ahora?

- Opino que eres maravillosa, es más. ¿Te apetece salir al cine mañana?

- Sí, claro.

Acabo de conocerte y tengo una cita contigo.

Las armas de mujer nunca fallan.

Deseo. Año 2003.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog